Desde que se conoció la noticia del fallecimiento de Carles Santos el pasado 4 de diciembre, no dejan de sucederse los recuerdos y palabras de admiración para una de las figuras más destacadas de la historia de Vinaròs.

Este lunes 11 de diciembre, el programa Imprescindibles de La 2, que reivindica los personajes españoles más relevantes en el panorama científico y cultural de los dos últimos siglos, recuperaba el monográfico dedicado a Carles Santos. Un viaje por la vida y obra de un artista irrepetible para el que es difícil encontrar las palabras.

Vanguardia, surrealismo, irreverencia, transgresión y, sobre todo, energía, son algunas de las palabras más repetidas en los medios de comunicación estos pasados días para referirse a Santos. Un “autor controvertido”, dicen, cuando la controversia es en muchas ocasiones una necesidad. En casi cualquier disciplina, los momentos más controvertidos y quienes más destacan en la misma van cogidos de la mano. En algunos casos, un momento de controversia puede llegar a marcar la carrera de una persona pero, por suerte, el paso del tiempo es capaz de convertir aquello que fue “mal visto” en algo realmente positivo. “El tiempo pone a cada uno en su lugar”.

En el caso de Carles Santos la transgresión venía dada por una incansable voluntad de búsqueda. Su trabajo fue reconocido en multitud de ocasiones con grandes premios como los MAX de las artes escénicas o el Premio Nacional de Música (en 2008), y de todos son conocidos sus encargos por parte de diferentes instituciones, desde la fanfarria de la ceremonia de los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92 hasta la de la inauguración de la Bienal de las Artes de Valencia en 2001. Sin embargo, no siempre fue fácil. Recordaba Santos que la búsqueda de nuevos caminos en los años 70 y 80 era un arma; el Arte como lucha.

Joan Subirats, comisionado de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona, rescataba recientemente la memoria de la estancia que había compartido en La Modelo junto a Santos y otras más de cien personas de la Assemblea de Catalunya. Mientras estaban presos, el de Vinaròs se animó incluso a organizar una coral. Lo imprevisible era su manera de derrocar el inmovilismo y la intolerancia.

Con todo, decía Santos que “tinc una fama de transgresor exagerada. Diuen allò de: ‘Santos ha tirat un piano al mar’, i no sempre és així”. Carles Santos Ventura, nacido en Vinaròs el 1 de julio de 1940, fue una especie de niño prodigio que ya tocaba el piano con 5 años y al que sus padres mandaron a París con 14 para terminar su formación. Cual Picasso, era necesario conocer las sendas clásicas del arte para poder apartarse de ellas.

El encuentro definitivo fue el que tuvo en los años 60 con el poeta catalán Joan Brossa, quien le encargó, cuando Santos tenía poco más de 20 años, la música para el 75 aniversario del nacimiento de Joan Miró. ‘Concert Irregular’ fue el primer trabajo propio del vinarocense, y recibió tan malas críticas en La Vanguardia, que el padre de Santos compró todas las copias y las quemó para que nadie en el pueblo las leyera.

Santos recibió su influencia y trabajó con las artes plásticas y audiovisuales, además de la música. Las colaboraciones con Brossa, con el director Pere Portabella o el coreógrafo Cesc Gelabert y el escenógrafo Frederic Amat, resultaron en un lenguaje propio, más amplio que el de las teclas del piano. Carles Santos estaba obsesionado con Bach, porque “era el mejor”, pero le afectaba y procesaba de igual modo a John Cage, que iba “más allá de la música”. La transgresión de Santos no se entiende sin una base clásica que dominaba a la perfección. Incluso si hubiera tirado un piano al mar, no hay que olvidar que era un excelente intérprete, llevaba el piano dentro.

Nacido en Vinaròs, Santos se abrió al mundo y viajó por él, pero siempre echaba el ancla en casa, la que dejó en cuerpo el pasado 4 de diciembre. Desde el más irrespetuoso respeto, vaya nuestro más sentido homenaje para el genio de Vinaròs.

 

Imagen de la retrospectiva de Carles Santos “Visca el piano!”