No se entrevea en estos renglones rectos, o torcidos, ningún reproche ácido ni condena hacia un carnaval magnífico.

Contaré los hechos tal como ocurrieron.

Somos un grupo de amigos, procedentes de varias Comunidades, que llevamos varios años recalando en Vinaroz a fin de practicar nuestro juego preferido -el dominó- en la cualificada paz del hotel Vinaròs Playa.  Llegamos el pasado martes, día diecinueve, y experimentamos con grata sorpresa que el pueblo se hallaba inmerso en plenas fiestas de carnaval.  Aparcamos alrededor del hotel e inmediatamente nos pusimos, raptados por una mecánica habitual, manos a la obra.

Vimos cómo se levantaba, sin pausa, escenario y gradas tan próximas a nosotros que fuimos testigos cercanos, agraciados, de su rápido desarrollo. Nuestras respectivas esposas, que callejeaban la población con deleite y curiosidad, nos iban informando de cuantos pormenores complementaban el meollo central ubicado a nuestros pies, más allá del ferial situado al extremo opuesto del paseo marítimo. Todo transcurría por senderos de alborozo y complacencia.

Sin embargo, la víspera en que se preveía la presentación, un suceso fruto de la imprevisión vino a romper esa empatía que, hasta el momento, nos hermanaba con Vinaroz. Un compañero aparcó su vehículo en la zona de acceso a las comparsas, sin que hubiera señal previa de prohibición o limitación; pues el viernes constató que no vio señal alguna en contra. El sábado, la grúa le llevó el coche a una explanada próxima al puerto deportivo adjuntándole, desde mi punto de vista una sanción rigurosa, por la que posteriormente hubo de pagar cuarenta euros. No es el dinero, es el hecho inoportuno, pernicioso. Encima, al parecer, recibieron -él y esposa- un trato inadecuado, chulesco, casi vejatorio, por parte del policía local, cuando fueron a presentar la correspondiente protesta.

Me consta que las fiestas deberán transcurrir del dieciséis de febrero a cuatro de marzo. La institución encargada del orden y seguridad ciudadana ha de informar con tiempo de las limitaciones que afecten a calles y días concretos. El desacierto o, peor aún, la ineptitud del personal gestor no puede cargarse onerosamente sobre vecinos y visitantes. Incluso, dicho personal merece un reproche por parte de sus superiores cuando tratan displicentemente al ciudadano que sufraga sus honorarios.

Conclusión, no puede tirarse por la borda el esfuerzo, sacrificio e ilusión, de unos ciudadanos que aman a su pueblo. Cuando los responsables muestran otros incentivos y afectos, se precisa un cambio urgente. Por cierto, en tono jocoso, he de añadir que el concierto del domingo (ayer) Forever 80 donde actuaron “Los López”, “Dragón Rapide”, “Danza Invisible” y “Los rebeldes”, terminó a la una y cuarto del lunes.

A nosotros, los clientes del Vinaròs Playa, también nos dieron el concierto.

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