El hambre que azota a naciones enteras alrededor del mundo, no es normal. La miseria en la cual se consume la vida de millones de seres humanos ha sido producto de sistemas económicos depredadores basados en la acumulación de riqueza, la cual se ha obtenido por la fuerza de las armas y la intimidación, la corrupción de líderes locales y la eliminación de cuadros políticos con arraigo popular y tendencia democrática.

 La consecuente captura de espacios de poder –entre los cuales se insertan las organizaciones políticas, los medios de comunicación, las grandes corporaciones y las instituciones religiosas- ha predispuesto a los sectores populares a aceptar como normal un estado de cosas capaz de privarlos de una buena cantidad de derechos garantizados mediante convenios y convenciones ratificados por la mayoría de Estados. 

Por ello yo no me fio, no confío en la clase política en general. Dinero hay, se han montado numerosas historias de que hay que recortar aquí y allá. Lo que tiene dar la cara con honestidad es que la cosa sale bien, tenemos que continuar destapando las vergüenzas del sistema. Se hacen tantas cosas mal que no se ya ni donde empezar, oscurantismos y racismos que ya estaban superados hoy renacen con fuerza.

(Cuando publiquen envíen link; amplia información del autor en Google: Jesús Antonio Fernández Olmedo).

 

Artículo de Opinión de Jesús Antonio Fernández Olmedo.