• Nos ha dejado Carmen Febrer Pellicer, “La Figuera”, apodo que siempre llevó con orgullo.

Mujer de otro tiempo, de una triste guerra y más triste posguerra, que supo adaptarse, en su medida, a los tiempos modernos, trabajadora incansable, de esa generación que sacaron a España del hoyo en que se había metido.

Si algo sorprendía de Carmen era su fortaleza y su disponibilidad, la tía Carmen siempre estaba cuando la necesitaban, fuera la familia o los amigos. Tenía cuatro pilares bien sólidos en los que se apoyaba: su primer pilar era la familia, la de sangre: los que ya se fueron y los que quedamos: su prima Rosita, su cuñada Lolita, sus sobrinas: Maores, Maite y Marta y sus sobrinos nietos, “els seus xiquets”: Daniela, la niña de sus ojos a la que acompañó siempre a todas partes y Álvaro su bastón en el que apoyarse y que tanto le recordaba a su otro Álvaro, al que adoraba.

Tenía también otra familia que la vida le puso en su camino y que llegó desde tierras aragonesas por el amor de una “maña” (Mª Carmen) y un benicarlando (Paco) que, junto
a sus hijas, también “sus xiquetes” (Laura y Elena) se convirtieron en parte de su vida,
siempre estuvieron ahí y para ellos era también la tía Carmen. Muchas gracias a la familia
Esteller Ibáñez por haberla querido tanto.

Su segundo pilar era su fe, creyente y practicante, devota del Crist de la Mar, de Santa Rita y de su amado Sant Gregori…siempre presente en la fiesta, colaborando, ayudando y “mandando”. Gracias als Amics de Sant Gregori porque con ellos fue feliz.

Su tercer pilar era su pueblo, amante incondicional de Benicarló y sus tradiciones, benicarlanda de pura cepa, nacida en Benicarló en el año 1 926, mujer sencilla que creció y vivió en el mismo corazón de Benicarló, a la vera de la Plaça del Mercat Vell, junto a sus padres y hermanos, como a ella le gustaba decir: el pare, Agustín, la mare, Teresa y els meus germans: Agustinet, Antonio, Teresa y Álvaro, a los que tristemente tuvo que despedir. En esa plaza, donde latía Benicarló, y en una tienda de ultramarinos vivió, creció y trabajó nuestra Carmen, teniendo unos grandes vecinos de esos que hacían barrio, desde aquí también a ellos nuestro agradecimiento.

Por último y, como pilar fundamental, sus amigas,¡¡¡ menuda pandilla !!!: Sión, Rosita, Rosario, Nati, Amparito, Teresita, les Malenetes, …., no me quiero dejar a ninguna, esperemos que donde estén puedan volver a tener sus charlas, seguro que ya debe estar
sentada “al solecito” con su amiga y vecina Fina cuya despedida fue también reciente, por
cierto, gracias a ti también Ximo por siempre haber estado ahí. Desde aquí nuestro homenaje a cada una de esas grande mujeres y chicas de oro…..

En nombre de la familia queremos dar gracias a todos los que querían a la tía Carmen y en especial agradecer la labor de la Unidad Hospitalaria a domicilio y a los que la trataron, menudos profesionales con su doctora Florentina a la cabeza y, a todos y cada uno de los enfermeros y enfermeras, que no solo le dieron asistencia médica sino humanidad y cariño, algo de lo que en estos tiempos vamos escasos. Gracias también a Felin y a Emlise que se convirtieron en los últimos días en su ángeles de la guarda.

Desde donde estés, sigue cuidando de nosotros tía Carmen, te queremos y gracias por tanto.