Con la celebración el pasado miércoles día 26 de febrero de la celebración de la festividad ya en “tiempos fuertes” de la Cuaresma, en el mismo momento que el sacerdote nos imponía la ceniza, comenzaba este tiempo de la Cuaresma para los cristianos. Su duración es de unos 40 días y finalizará el día 9 de abril, momentos antes de celebrar los oficios del “Jueves Santo”.

Es un signo muy sencillo que consiste en poner un poquito de ceniza sobre la cabeza, o bien en la frente de los fieles mientras el sacerdote repite unas palabras de la Escritura: ”Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás (Génesis 3, 19). Hoy en día se utilizan más las palabras: “Conviértete y cree en el Evangelio” (Marcos 1, 15). Estas cenizas se suelen obtener de quemar los ramos de laurel o de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior. Este signo viene ya de antiguo, tiene una tradición de más de mil años de antigüedad.

De aquí, que echarse ceniza por encima fuese en la antigüedad un signo de luto por un ser querido y que se convirtiera en una costumbre muy difundida, sobre todo, por el área mediterránea. En la Grecia de Homero, por ejemplo.

Para el cristiano, por lo tanto, la ceniza es símbolo de fragilidad de su condición mortal (“recuerda que eres polvo”),  pero también de la conversión necesaria para acoger de una forma gratuita la salvación de Dios (“convertíos y creed en la buena noticia”)

Al celebrar el Miércoles de Ceniza, podemos hacer un alto en nuestra vida cotidiana, para tomar conciencia de que la vida es efímera y la conversión necesaria.

La Cuaresma es, entre otras cosas, una llamada a recordar quienes somos, de dónde venimos y por qué. Es una llamada a la renovación interior y personal y a vivir en plenitud. Es también tiempo de recogimiento espiritual para orar y examinar lo que acontece en lo más profundo de nuestro corazón, y ver donde fallamos. Es tiempo de prepararnos para la Pascua o Resurrección de Jesucristo, pero eso sí, no nos dejemos su pasión y muerte anterior a la Pascua, que recordamos año tras año en este tiempo cuaresmal.

¡Que paseís, pasemos todos una buena y santa Cuaresma!