



El 17 de mayo, solemnidad de la Ascensión de Jesús al cielo, asistimos a la ordenación diaconal de Sebastiá Isael Pla Martorell de manos de Mons. Sergi Gordo Rodríguez, obispo de Tortosa en la Iglesia Arciprestal de la Asunción de Vinaròs. Isael, con esta página lírica queremos manifestarte el cariño que te profesamos y que nos lo has ganado a través de los años que nos has brindado con tu amistad, tu servicio, tu conocimiento de películas y siempre contando con tu disponibilidad de servicio.
Cierto que somos muy poquita cosa, pero como estamos siempre en compañía de María, de Jesús ascendido hoy a los cielos aunque anclado en nuestros corazones, inspirados por el Espíritu Santo y acunados por el Padre Dios, valemos lo que ellos valen. Y, tú ya con la mirada fija en el sacerdocio. Todos nos sentimos contentos al verte tan feliz. Como te ha manifestado el Sr. Obispo, ese camino está plagado de sencillez, de cosas pequeñas, de ánimos y desánimos, pero siempre, siempre contarás con Su ayuda y compañía. Es bueno servir, romperse el corazón de tanto servir, es bueno cumplir la agenda del día a día, es bueno crear familia, vivir en familia, pero si en medio del ajetreo vas abandonando esos ratos de oración, de silencio creador, de formación todo puede hasta perder su valor, su sentido genuino..
Maravilloso es sentirse, hacerse alfombra para que los demás pisen blando en sus andaduras hacia el cielo. Como dice el refrán : para servir, servir. Y se sirve para servir llegando a la fuente de aguas vivas, donde llenando tu cántaro puedas regalar la vida, el agua que da vida. No es tu agua, sino el agua divina que apaga la sed y enciende corazones. El olvido de uno mismo es abrir las compuertas de tu vida a la plenitud de Dios y ser reguero, como nuestra madre la Señora, de las gracias con que Dios te ha mimado. Y en tanta dicha uno se olvida de sí mismo y hace lo que Él quiera.

Efecto Multiplicador. Y ¿Se puede andar triste con tan excelsa compañía? Si ella, si Jesús está contigo, trabajando con tu lengua, con tus manos, con tu saber, con tu… ¿qué más quieres? Es la plenitud de la vida. Cuando te pregunté ¿eres tú? me dijiste sí, pero enriquecido por Jesús, mi amor. Durante estos días, rezando por Isael, me decía: Madre, Esposa del Espíritu Santo, causa de nuestra alegría, regálanos ver en todas las actividades que vamos a realizar hoy, contemplarlas con tus ojos alegres. Y es que estar con la Madre es convivir con naturalidad con Jesús, con el Espíritu Santo, con el Padre Dios y…¡ romper en gozo!
La llena de gracia se ha derramado en Isael para que así puedas llegar a todo aquello que te rodea y que es tu trabajo diario, regalando luz. Es que eres un regalo mimado de Dios. Todo se hace grande, enorme, importante cuando uno está enamorado y cuando das un buen consejo, cuando te detienes a hablar con el necesitado, cuando sabes hasta sonreír a quienes no te comprenden y hasta te desean el mal. No respondes con tus fuerzas, porque ya te has olvidado de tí mismo y quien vive en tí es Jesús. Respondes con las fuerzas del Crucificado ya Resucitado, para siempre.
Es fascinante la vida que nos ha regalado. En las cosas pequeñas que crean convivencia, si estás enamorado, se obra el milagro de manifestar a Cristo, que es el esplendor de la vida. Eres entonces una transparencia del Señor. Parece mentira que para ser maravilloso te tengas que olvidar de ti mismo y así, dejes lugar, todo tu espacio vital, al que es dador de vida. Eso sí que es acertar en el sentido de la vida. Salimos siempre ganando sin buscar la ganancia. Me viene a la memoria una anécdota de estos años de amistad. Julio, tu amigo, inventó una película en la que participaban chavales de las familias de Mallols.
En una de sus escenas participaba un Juez para poner su orden y su justicia. Y ¿quién fue el juez? Pues Isael que en aquella época ejercía de juez en Vinaroz. Y los chavales estaban flipando de cómo en una película se ponderaba la realidad. Fuiste benévolo en ese caso. Y ahora… ¡ dejaste esa orilla para buscar otros mares! Bueno, querido Isael, nos unimos a la felicidad de tus padres: Alfredo y María José, tu hermana Mariana y a la sobrinita Vania. Todos juntos formando familia nos ayudamos y nos queremos cada vez más en nuestro peregrinaje en la tierra “cap al cel”. Te queremos.
























