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Antes de salir a la carretera: por qué conviene revisar el líquido refrigerante del coche

Una escapada por el Maestrat puede combinar autovía, carreteras de montaña y trayectos urbanos en un mismo día. Antes de ponerse en marcha, solemos comprobar los neumáticos o el combustible, pero hay otro elemento que merece unos minutos de atención: el sistema de refrigeración del coche.

El líquido refrigerante ayuda a mantener el motor dentro de su temperatura de funcionamiento. Si el nivel es demasiado bajo o el circuito tiene una fuga, el problema puede hacerse evidente en plena ruta. Revisarlo con el motor frío permite detectar señales que, de otro modo, pasarían desapercibidas hasta que se encienda un aviso en el cuadro.

La primera comprobación: el nivel

En muchos coches, el vaso de expansión es un depósito translúcido con dos marcas: «MIN» y «MAX». Con el vehículo aparcado en una superficie llana y el motor completamente frío, se puede observar si el líquido se encuentra entre ambas.

Si está por debajo del mínimo, conviene averiguar por qué antes de limitarse a rellenarlo. Una pequeña variación puede ser difícil de interpretar a simple vista, pero tener que añadir refrigerante con frecuencia apunta a una posible fuga o avería. También merece una revisión cualquier mancha bajo el coche, olor inusual o aviso de temperatura.

Nunca se debe abrir el tapón del circuito cuando el motor está caliente: el sistema puede estar presurizado y expulsar líquido a alta temperatura.

No basta con elegirlo por el color

Al buscar un refrigerante, es fácil fijarse primero en si es rosa, verde o azul. Sin embargo, el color no garantiza que dos productos compartan la misma formulación ni que puedan mezclarse. Lo que hay que consultar es la especificación indicada para el vehículo en su manual de mantenimiento.

Por ejemplo, quien busque una referencia concreta de Ford puede consultar la ficha del https://avtopro.es/repuesto-WSSM97B44D-FORD-995/, identificada con el código WSS-M97B44-D. La referencia sirve para localizar el producto y comparar opciones, pero antes de comprarlo o añadirlo al circuito hay que confirmar que la especificación corresponde al coche en cuestión. El modelo, el año y la motorización pueden influir en esa elección.

También es importante distinguir entre un refrigerante listo para usar y uno concentrado. Este último requiere preparación conforme a las indicaciones del fabricante. Improvisar la mezcla o añadir un líquido de composición desconocida puede complicar el mantenimiento posterior.

Señales que no conviene ignorar

El nivel es solo una parte de la revisión. Si la aguja de temperatura sube más de lo habitual, aparece un aviso de sobrecalentamiento o sale vapor del vano motor, lo prudente es detenerse en un lugar seguro, apagar el motor y solicitar asistencia. Seguir conduciendo puede agravar la avería.

Hay otras pistas menos llamativas. Un charco bajo la zona del motor puede proceder del circuito de refrigeración, aunque antes habrá que identificar el líquido: el agua que desprende el aire acondicionado, por ejemplo, puede ser normal. Los manguitos deteriorados, las conexiones húmedas o las manchas alrededor del radiador también justifican una visita al taller.

El aspecto del líquido puede aportar información. Si se aprecia suciedad, restos aceitosos o un cambio llamativo respecto a su estado habitual, conviene que un profesional revise el circuito. Rellenar el depósito sin investigar la causa no resuelve el problema.

Una revisión útil antes de un viaje largo

Comprobar el refrigerante unos días antes de salir deja margen para acudir al taller si algo no cuadra. Es mejor hacerlo con tiempo que descubrir una pérdida cuando el coche ya va cargado y queda carretera por delante.

La revisión puede acompañarse de otras comprobaciones sencillas: presión y estado de los neumáticos, nivel de aceite, funcionamiento de las luces y estado de las escobillas. Son gestos breves que ayudan a preparar el vehículo para un recorrido largo o para varios días de desplazamientos.

El sistema de refrigeración rara vez llama la atención cuando funciona bien. Precisamente por eso merece un vistazo antes de viajar. Comprobar el nivel en frío, buscar posibles fugas y utilizar un producto que cumpla la especificación del vehículo son pasos concretos que pueden evitar una parada inesperada en el camino.