Como cada año desde tiempos inmemoriales, Benicarló ha salido los domingo de octubre a entonar el rosario en honor de María por sus calles. Son esas costumbres ancestrales que van vistiendo de hermosura esos quehaceres diarios, que alguien llegó a denominar como el tremendo cotidiano. El enamorado de María busca en ella el consuelo, busca en ella la convivencia social y recuerda que sus antepasados también lo hacían. El amor a María es sobrepasar los duros momentos de nuestras vidas y con su mirada materna, reposar nuestros ojos del corazón en este cálido ambiente de paz, alegría y perdón que es Jesús.


El enamorado de María le piropea con versos: Reina de nuestras almas,/ flor de las flores:/ muestra aquí de tu gloria / los resplandores,/ que en el cielo / tan sólo te aman mejor. Y uno, ya metido en ese nivel sencillo y profundo de la persona, sigue cantando: Virgen santa, Virgen pura, / vida, esperanza y dulzura / del alma que en ti confía./ Madre de Dios, Madre mía.
Y ya entrado en la magnífica humanidad, cada persona bebe fortaleza enamorada para regalar paz, alegría, esperanza a todo quien se relaciona en las tareas ordinarias de la vida.
La persona enamorada de María sabe pedir perdón, sabe rectificar y sabe comprometerse con un compromiso de amor: Mientras mi vida alentare / todo mi amor para ti;/ mas si mi amor te olvidare,/ Madre mía, Madre mía,/ mas si mi amor te olvidare,/ tú no te olvides de mí.
El amor a María siempre ha sido , es y será un reclamo para no olvidarse de que somos hijos de Dios que buscan el bien de todas aquellas personas con las que conviven. Gracias por todos quienes alentáis estas costumbres que apuntan directamente al cielo en la tierra.


Pie de foto portada: Después de cantar, de recitar los 5 misterios gloriosos del Rosario con las tonadas populares acompañadas por los músicos posan su alegría y satisfacción en la puerta del templo parroquial.




























