Sin entrar en polémicas sobre si son galgos o podencos, sobre si miente éste o aquél, o sobre si se hace poco o mucho, no quiero dejar pasar la ocasión que me brinda esta tribuna pública comarcal (posiblemente la única que queda aparte de las cada vez más necesarias y peligrosas redes sociales) para intentar aportar algo de luz a este oscuro túnel en el que se encuentra, desde hace demasiado tiempo, el Centro Geriátrico “San Bartolomé” de Benicarló.
Creo que en vez de centrarnos en la búsqueda de soluciones estamos buscando culpables. Y no creo que ése sea el camino. Ni el Ayuntamiento (responsable de la gestión y administración del Centro) es el enemigo, ni los familiares mienten cada vez que hablan. Están enfrentados los que deberían ser aliados y así va a ser difícil que se encuentre solución a un problema gravísimo que afecta a personas muy vulnerables que por ellas mismas no pueden defenderse.
El nudo gordiano, más allá de matices y detalles, importantes sin duda pero no decisivos, radica en la endémica falta de personal. Una falta de personal que, en ocasiones, es dramática por cuanto la carga de trabajo al que se somete al que hay es enorme. Hay momentos, muchos, en los que trabajar con la dedicación y la eficacia que debería ser la habitual en este tipo de residencias es sencillamente imposible. Y claro, todo ello redunda en muchas, demasiadas, bajas por enfermedad, continuas dimisiones en los puestos directivos y un malestar generalizado que no hace sino incrementar aún más el problema. Los esfuerzos, que me consta se hacen, por parte del Ayuntamiento para subsanar las muchas ausencias por bajas, vacaciones, permisos, etc. nunca consiguen llegar a tiempo.
La contratación de personal es engorrosa, la burocracia y la reglamentación frustrante, la formación (imprescindible para la mayoría de plazas) a menudo insuficiente, muchas convocatorias de plazas quedan vacantes porque casi nadie quiere ir a trabajar ahí y el resultado, por desgracia para los usuarios, es evidente. El esfuerzo y dedicación de la inmensa mayoría de trabajadoras y trabajadores del centro, siendo máximo, no llega a todo lo que debería llegar y así un día tras otro, semana tras semana, mes tras mes.
La gravedad del problema hace necesario reconducir la situación, habilitar espacios de diálogo y consenso, buscar soluciones y asumir, todos juntos (administración, usuarios y familiares) que posiblemente nuestro Ayuntamiento no sea ya el Organismo más indicado para seguir administrando no solo el centro, sino todos los dependientes del OACSE. Pero todo pasa por tender puentes, no por derribarlos. Creo que todos los partidos locales deberían ponerse de acuerdo en que es imprescindible ponerse de acuerdo. Y a partir de ahí, comenzar a buscar soluciones a corto y medio plazo.
La Generalitat y el Convento de San Francisco podrían entrar en la ecuación siempre que el consenso y la fuerza que derivara de él se pudieran sobre la mesa de negociación. Todos juntos seríamos más fuertes, enfrentados y separados no somos nada. Y negar a la representante legal de los familiares los datos de sus representados para organizar una reunión en la que poder aportar reflexiones y buscar soluciones, devolviendo el burofax mediante el que se solicitaba formalmente, aún siendo un malentendido (que lo fue) no ayuda, y dejar pasar más de tres semanas sin solucionar el malentendido, tampoco.
Gregorio Segarra






























