Hemos tenido el gozo de tener tres días con nosotros al Sr. Obispo de Barbastro-Monzón, D. Ángel Javier Pérez Pueyo, con motivo del novenario al santo Cristo del Mar.
Ha recordado que, invitado también por Mosén Carlos García, estuvo con nosotros hace 14 años, con ocasión del centenario de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos del Corazón de Jesús, fundada por Mosén Sol. Se define como aprendiz de obispo rural. Le ha sido confiado el pastoreo de una diócesis humilde pero muy hermosa, bendecida por grandes santos, fundadores y mártires.
D. Ángel ha ido abriendo el surco en los corazones de jóvenes, niños y mayores. Ha compartido con los sacerdotes, con amigos comunes, con toda la feligresía y con la familia de Mosén Lores.
- ¿Qué les dijo a los jóvenes?
D. Ángel. Que se atrevieran a ponerle rostro y nombre a la cruz que les mostré. En ella aparecía la silueta hueca de Cristo crucificado.
Los jóvenes, aunque sonrían o parezcan despreocupados, también sufren por dentro y cargan con sus propias cruces.
Les mostré una baraja confeccionada por los jóvenes de su Diócesis donde aparecían más de treinta cartas de color verde. En la cara A estaba escrito: “A VECES…” y en el reverso, tenían que completar los puntos suspensivos. Las respuestas escritas correspondían a los jóvenes del Alto Aragón. Eran muy elocuentes. Nuestros jóvenes de confirmación tenían que suscribirlas poniéndose de píe cuando sabían de algún joven que le pasaba lo mismo que se afirmaba en la carta: A veces me siento solo; a veces no me comprenden; a veces bebo demasiado cuando voy de fiesta; a veces pierdo mucho tiempo en las redes sociales; a veces no respeto a mi chica; a veces tomo sustancias nocivas para ser igual que los demás… Había también otras cartas de color granate que ponía, por la cara A, “TE ATREVERÍAS A…” y en el reverso aparecían distintas acciones solidarias que llenaban y reconfortaban el alma de los jóvenes. Te atreverías a ser voluntario de Cáritas o de manos unidas; te atreverías a ser monitor de campamento; te ofrecerías como catequista o animador de tiempo libre; te atreverías a ir a la JMJ; te atreverías a ir a la Peregrinación Europea de Jóvenes en Santiago…
- ¿Hay alguna contraseña para abrir la belleza del corazón?
D. Ángel. La contraseña del cristiano es fácil. La cruz. Con ella entras en comunión con Dios y te permite ser tú mismo, siempre. Te posibilita saborear la vida desde los valores del Evangelio que encarnó Jesús.
- ¡Uf! la cruz. casi nada
D. Ángel. A todos, tarde o temprano, nos toca cargar con la cruz. Suele venir cuando menos la esperas y te cae la que menos deseas. Ante la cruz caben tres actitudes, a saber, negarla, sublevarse o abrazarla. Cristo nos mostró que sólo abrazándola nos conducirá a disfrutar eternamente de la gloria del Padre. Al mundo no lo salvan los crucificadores sino los crucificados.
- Es que a mí…
D. Ángel. Sí, sí, y a mí también me cuesta. Por eso Cristo nos invita a poner el rostro y el nombre de tantos crucificados como el mundo engendra. Cargar no sólo con tu propia cruz sino con la ajena (amor vicario). Ser cirineo de tantos crucificados.
- Le oí el otro día antes de rezar el Padre nuestro…
D. Ángel. Que lo rezáramos por los que nos ignoran, se ríen de nosotros, nos menosprecian, nos insultan… para que algún día puedan descubrir, como nosotros, al Dios que ha sido capaz de dar la vida por ti. Y puedan llegar a experimentar la ternura y la caricia de Dios.
- He visto que durante sus homilías nos enseñaba una cruz sin Cristo
D. Ángel. Me alegro que te hayas dado cuenta. Hoy, igual que ayer, Cristo sigue vivo en el corazón del mundo. Muere por ti y por mí. Te invita no sólo a cargar la cruz como cirineo sino también a abrazarla y dar la vida por los demás para que nadie se pierda.
- Eso resulta imposible
D. Ángel. ¡Qué va! Hay muchos hombres y mujeres que están dispuestos en el mundo a ser continuadores del Misericordioso. Encarnan en su propia vida el dolor y el sufrimiento ajeno y sirven de bálsamo de Dios. Si recuerdas, os mostré seis encuentros que tuvo Jesús con distintas personas: el leproso, la cananea, la hemorroísa, Zaqueo, la samaritana, el ciego de Jericó… En todos ellos se produjo un encuentro personal con Jesús y se obró el milagro, la conversión. Su vida comenzó a ser otra. Dios no deja indiferente a nadie.
- A ver, durante estos días…
D. Ángel. He tratado humildemente de que tengáis un verdadero encuentro con Jesús, con Cristo, el mismo que subís cada año a Benicarló para que viváis realmente el MISTERIO DEL AMOR más grande que la humanidad ha podido experimentar. Felicitaros a todos los que cada año subís desde la ermita del Cristo a Benicarló y lo guardáis los 365 días en vuestro corazón constituyéndoos en signo de esperanza para la humanidad. Vivir la semana santa no es recordar o evocar lo que aconteció hace dos mil años sino actualizar la salvación, la curación, la sanación, la conversión que todos necesitamos. Y que sólo Dios nos puede ofrecer.
- Comenzó retándonos a salir de “modo avión” y pasar a “modo Pascua”, a “modo Sínodo”
D. Ángel. Efectivamente. Hay muchos que viven permanentemente en modo avión (sin conexión con nadie). Al mirar al Cristo del mar descubrimos nuestra condición de hijos, salvados, amados y enviados a compartir juntos su ternura y su misericordia. Ésta es nuestra respuesta al reto de la sinodalidad en la que toda la Iglesia se halla embarcada.
- Nos habló de 5 bolas (tareas) para malabarearlas (cultivar)
D. Ángel. Los cristianos, como expresó magistralmente el Presidente de Coca-cola en el discurso de jubilación, tenemos que malabarear en la vida cinco bolas, a saber, el trabajo, la salud, la familia, los amigos y la trascendencia (vida en Dios). Son los ámbitos de la vida que tenemos que conjugar. Sólo Dios es el que llena de sentido todo.
- Muchas gracias, D. Ángel
No terminaríamos, pero el tiempo se va y nosotros nos quedamos con la determinada determinación de emprender este nuevo camino fascinante, a pesar de los pesares, tan atrayente y tan íntimo en modo CRUZ. Y ante el grito clamoroso del crucificado: ¿DÓNDE ESTÁN MIS AMIGOS? ¿Le contestamos con ese M A Ñ A N A … le abriremos?