El pasado 26 de junio se celebró la fiesta de san Josemaría, el fundador del Opus Dei, en la parroquia de san Bartolomé.
Fue una de las tantas misas que se celebran en toda la redondez el mundo, con la alegría de saberse amados por Dios y de agradecer que todos somos llamados a ser santos precisamente viviendo con alegría el día a día en cada una de las actividades que estamos desarrollando.
Saber que Dios Padre nos ha abierto todos los caminos de la tierra, los míos, los tuyos para convertirlos, cada momento, cada circunstancia de nuestra vida en ocasión de amarle y de servir con alegría y con sencillez a la Iglesia, al Romano Pontífice y a las almas iluminando los caminos de la tierra con la luminaria de la fe y del amor.
Ha sido un momento para agradecer la fidelidad heroica de san Josemaría, de sus sucesores y de todos sus hijos a este mandato divino.
Todos somos hijos de Dios y por ende amados por la bondad bella y exquisita del Creador y Redentor que dio su vida para que germinara en cada persona la sonrisa de saberse queridos y amados por Dios que se ha querido instalar en el corazón de las cosas habituales de la vida humana.