Hemos vivido situaciones fruto de la polarización de una izquierda acostumbrada a dominar el ámbito ideológico, algo que se ha mantenido hasta la aparición de VOX.
Cuando no se tiene una ideología clara, cualquier cosa vale. Por eso, gobierne quien gobierne en nuestra ciudad o en nuestra nación, la izquierda rara vez ha considerado que sus postulados, por dañinos que fueran, debieran ser cuestionados.
No les interesa hablar de la gestión real: de cómo se está recuperando el paseo marítimo con pérgolas en mal estado, alcorques, farolas o un túnel que evidenciaba abandono; de la falta de asfaltado; de que contamos con uno de los mejores servicios de recogida de residuos en comparación con los pueblos de alrededor; o de la falta de inversión en iluminación y la caducidad de muchos contratos de servicios.
En Vinaroz lo tenemos claro: no se trata solo de cambiar el gobierno municipal, sino de acabar con sus políticas.
Se me ha acusado de defender que la educación debe ser un ascensor social y no un instrumento de ingeniería social; de advertir que el pancatalanismo pretende disolver la identidad valenciana y española de nuestra ciudad; de proponer la prohibición del burka en edificios municipales por seguridad y dignidad de las mujeres; y de rechazar la imposición de menús que desplazan al nuestro, como el menú halal.
Todo se resume en la Prioridad Nacional. Frente a la inmigración ilegal, la presión sobre la sanidad, las dificultades de acceso a la vivienda o el aumento de la inseguridad, VOX Vinaroz defiende una gestión con criterio y sentido común, sin depender de encuestas.




















