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Instalaciones eléctricas en obra nueva y reformas: lo que cambia entre un proyecto y otro

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Hace tres años, un promotor me pidió presupuesto para dos viviendas en la misma calle de Zaragoza. Una era construcción de nueva planta; la otra, rehabilitación integral de un piso de los años 70. Revisé planos, calculé superficies, y su reacción me dejó claro el problema de fondo: «¿por qué la reforma sale casi igual que la otra si tiene menos metros?». Esa pregunta resume un malentendido que arrastra todo el gremio eléctrico.

¿Por qué dos proyectos con un resultado visual idéntico (enchufes funcionando, luces encendidas, boletín eléctrico en regla) pueden diferir tanto en ejecución, coste y riesgo? La respuesta no está en el resultado final. Está en el punto de partida. Y ese punto de partida condiciona todo: desde el material que necesitas hasta la probabilidad de que el presupuesto se desvíe antes de terminar la primera semana de obra.

Los circuitos, las protecciones y los mecanismos pueden terminar siendo los mismos en ambos escenarios. Lo que diverge radicalmente es la estrategia para llegar ahí, las restricciones normativas que aplican a cada caso y los imprevistos que aparecen cuando abres una pared que lleva décadas cerrada. Este artículo desglosa esas diferencias para que evalúes presupuestos con criterio técnico, no con la esperanza ciega de que todo saldrá según lo previsto.

  • Dos proyectos eléctricos que se presupuestan igual pero no lo son

Si comparas dos ofertas, una para edificación nueva y otra para rehabilitación, y ambas desglosan partidas similares (cuadro general, distribución de circuitos, mecanismos, mano de obra), podrías concluir que el trabajo es equivalente. Es un error que se repite en propietarios, arquitectos técnicos e incluso en algunos compañeros del sector.

En construcción nueva, el electricista trabaja sobre estructura limpia. No hay sorpresas detrás del tabique porque el tabique todavía no existe. La canalización se traza antes de levantar fábricas de ladrillo, los recorridos de cable siguen el proyecto sin desviaciones improvisadas y la coordinación con fontanería, telecomunicaciones y climatización se resuelve en plano. Todo fluye con una lógica de ejecución progresiva que rara vez se rompe.

Total, que en rehabilitación esa lógica se destroza desde la primera jornada. Trabajas con una infraestructura previa que puede cumplir o no el REBT vigente, con materiales que van desde el aluminio de los años 60 hasta el cobre de sección insuficiente de los 90 (nos hemos encontrado ambos en el mismo piso, y la experiencia no fue agradable). A eso le sumas paredes ya levantadas, suelos terminados y una vivienda posiblemente habitada durante parte de los trabajos.

¿La consecuencia en cifras? El 73% de los sobrecostes en la partida eléctrica de reformas que hemos gestionado desde 2019 provienen de problemas que ningún presupuesto inicial contemplaba. En proyectos de nueva planta, esa proporción baja al 12%. La diferencia no requiere explicación, pero sí un desglose técnico de por qué ocurre.

  • Criterios que definen la complejidad de cada instalación

Antes de catalogar un proyecto como sencillo o complejo, hay tres variables que lo determinan con bastante precisión. Las aprendí a distinguir tras un error costoso en 2019: presupuesté una rehabilitación como si fuese nueva planta porque «total, se tiraba todo».

Esas tres variables son la normativa vigente aplicable a cada caso concreto, el estado real de lo que ya existe bajo el enlucido y el nivel de coordinación que la obra exige con el resto de gremios. Vamos una por una.

  • Normativa aplicable y grado de electrificación exigido

El Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión y sus instrucciones técnicas complementarias (ITC-BT) establecen requisitos diferenciados según se diseñe una acometida completamente nueva o se modifique una existente. En edificación nueva, la ITC-BT-25 requiere un grado de electrificación básico de 5.750 W o elevado de 9.200 W en función de la superficie útil y los equipamientos previstos. No hay margen de interpretación: el esquema unifilar del proyecto debe cumplir desde su concepción con cada especificación del reglamento.

La situación se enreda considerablemente cuando abordamos una rehabilitación. Cuando la intervención afecta a más del 50% de los circuitos existentes, o cuando se solicita ampliación de potencia contratada, la normativa obliga a adaptar el conjunto del sistema al marco vigente. Una reforma que comenzó como parcial puede escalar a integral por imposición técnica, no por capricho del instalador que la ejecuta.

¿Qué pasa cuando solo sustituyes mecanismos y algún circuito puntual? Que puedes mantener la distribución existente si cumple condiciones mínimas de seguridad. Pero «mínimas» no equivale a «óptimas», y esa zona gris genera discusiones constantes entre propietario, aparejador y profesional autorizado. Lo he vivido decenas de veces, y en el 60% de los casos el propietario acaba asumiendo una inversión mayor de la prevista porque la inspección revela deficiencias que no se pueden tapar con un cambio de mecanismo.

  • Estado previo de la infraestructura eléctrica

El caso más revelador que nos hemos encontrado estaba en un edificio de 1965, en pleno centro de Zaragoza. El cliente quería reformar un piso de 90 metros cuadrados con un presupuesto basado en «sustituir por equivalente moderno». Al abrir la primera roza apareció cableado de aluminio con aislamiento de tela, sí, tela, un cuadro con fusibles de porcelana y ninguna toma de tierra funcional. La intervención saltó de parcial a completa en menos de una hora de obra.

Los inmuebles anteriores a 1973 presentan, según los registros que llevamos internamente, una probabilidad superior al 85% de esconder sistemas incompatibles con la normativa actual. Hablamos de secciones de conductor insuficientes, ausencia de interruptor diferencial, circuitos sin protección magnetotérmica individual y derivaciones en cajas de registro que parecen un plato de espaguetis con corriente.

¿Y en nueva planta? El punto de partida es un solar o una estructura en fase de cerramientos. Nada heredado. Conductor, secciones, recorridos de canalización y protecciones se definen en proyecto y se ejecutan conforme al REBT sin compararlos con nada previo. La ventaja resulta evidente: no inviertes tres jornadas iniciales en diagnosticar algo que no debería existir.

Si tu vivienda supera los 30 años sin que nadie haya tocado la parte eléctrica, asume que vas a necesitar bastante más que un «cambio de enchufes». El coste medio de adecuar un sistema de los años 70 al reglamento vigente ronda los 8.500 a 12.000 euros para un piso de 80-100 m², sin contar acabados de albañilería y pintura posterior.

  • Coordinación con otros oficios durante la obra

La secuencia de gremios en edificación nueva sigue un patrón predecible: estructura, cerramientos, paso de canalizaciones (fontanería, electricidad, telecomunicaciones, climatización), tabiquería interior, acabados. El electricista entra con la acometida y la distribución antes de que se cierren las paredes. Hay espacio, acceso y jornadas planificadas con antelación suficiente.

En rehabilitación, esa cadencia se desmorona. Durante un proyecto que coordinamos en 2022, fontanero, electricista y escayolista coincidían en un pasillo de 90 centímetros de ancho. El resultado fueron 11 días extra de retraso y 1.800 euros adicionales exclusivamente por replanificación de turnos. Vamos, que la coordinación entre oficios en una reforma no es un detalle logístico menor: es un multiplicador de coste que debería figurar como partida independiente en cualquier presupuesto que se tome en serio.

  • Instalación eléctrica en obra nueva: diseñar sin herencia

Trabajar sobre un edificio que aún no existe es, desde la perspectiva del instalador, el escenario más gobernable. El diseño de la electrificación parte de las necesidades del uso previsto (residencial, terciario, industrial) y cristaliza en un esquema unifilar que define circuitos, secciones de conductor, protecciones y puntos de consumo antes de que nadie coloque un ladrillo.

Lo que más valoramos de este tipo de proyecto es la previsibilidad. Cuando diseñamos la infraestructura completa para una promoción de 12 viviendas unifamiliares en las afueras de Huesca, cada unidad requirió entre 35 y 42 horas de trabajo neto. Sin sorpresas. Sin material fuera de presupuesto. Las desviaciones respecto a la estimación no superaron el 6%, y en tres de las viviendas el coste real fue inferior al previsto. En rehabilitación, eso sería casi ciencia ficción.

¿Implica esto que un proyecto de nueva planta siempre resulta más económico? Yo lo creía durante mis primeros años de ejercicio profesional. Hasta que una promoción con grado de electrificación elevado, domótica integrada y punto de recarga para vehículo eléctrico superó los 14.000 euros por vivienda en 120 m². Ahí entendí que la ventaja real no está en el precio absoluto, sino en la capacidad de anticipar y controlar ese precio desde la fase de diseño.

Si estás planificando una construcción nueva, recomiendo solicitar el proyecto eléctrico completo antes de cerrar cifras con el constructor. Un documento que especifique el unifilar, los puntos de luz y fuerza, las secciones de cable y el tipo de cuadro de protección permite comparar ofertas con criterio técnico real. Para profundizar en cómo abordamos esta planificación desde la fase inicial del proyecto, nuestro equipo en Zinergyx trabaja con un protocolo de diseño previo que evita buena parte de los desajustes habituales entre lo proyectado y lo ejecutado.

El ahorro medio de trabajar con proyecto definido frente al clásico «ya veremos según avance la obra» se sitúa entre el 18% y el 22% del coste total de la partida eléctrica. Proceden de 47 proyectos que hemos ejecutado entre 2019 y 2024 en Aragón y Castilla y León.

  • Reforma eléctrica: trabajar con lo que ya existe y lo que exige el REBT

Cada rehabilitación eléctrica empieza igual: abro el cuadro general, pruebo diferenciales, mido resistencia de aislamiento y recorro la vivienda buscando pistas de lo que esconden las paredes. Funciona como un diagnóstico clínico. Y como en medicina, a veces el paciente se queja del interruptor de la cocina y el problema real está en la acometida interior.

¿Por qué la reforma es impredecible por naturaleza? Porque trabajas con capas de decisiones que tomaron otros profesionales, en otras décadas, bajo reglamentos que ya no existen. He llegado a encontrar tres secciones distintas de cable en el mismo circuito de enchufes: 1,5 mm², 2,5 mm² y 4 mm². ¿La explicación? Tres intervenciones diferentes a lo largo de treinta años. Ninguna documentada.

La normativa obliga a intervenir de forma integral cuando la reforma supera ciertos umbrales. Pero incluso por debajo de esos umbrales, es frecuente descubrir que el sistema original no soporta las cargas actuales. Un piso calculado para 3.300 W en 1975 no puede alimentar hoy una vitrocerámica de inducción de 7.200 W, un equipo de aire acondicionado y tres ordenadores funcionando a la vez sin riesgo serio de sobrecalentamientos.

Si tu reforma afecta solo a cocina y baño, prepárate igualmente para reservar un 15-20% del presupuesto eléctrico como colchón para sorpresas. En las últimas 30 reformas parciales que hemos ejecutado, solo 4 se completaron sin ningún imprevisto. Las 26 restantes necesitaron adecuaciones no contempladas en al menos un circuito. Esos números no mienten.

  • Qué preguntar antes de aceptar un presupuesto eléctrico

Después de 11 años firmando y recibiendo presupuestos, he desarrollado mi propio radar para distinguir ofertas que aportan información útil de las que solo rellenan folios. Hay preguntas que cualquier propietario debería formular y que, sorprendentemente, casi nadie plantea antes de estampar la firma.

Estas son las cinco cuestiones que recomendaría a cualquier persona a punto de contratar un proyecto de electrificación, tanto para construcción de nueva planta como para rehabilitación de vivienda existente:

¿El presupuesto incluye esquema unifilar? Sin ese documento no tienes forma de saber qué estás comprando. El unifilar especifica circuitos, secciones y protecciones. Sin él, comparar ofertas equivale a comparar ciegas.

¿Contempla partida de imprevistos específica para la parte eléctrica? Sobre todo en rehabilitación, esta pregunta separa al profesional curtido del que te asegura que «no habrá sorpresas». Porque las habrá.

¿Qué grado de electrificación presupuesta y por qué motivo? Básico o elevado no es una decisión trivial. Afecta al dimensionamiento del cuadro de protección, a las secciones de cable y a la capacidad de crecimiento futuro de la vivienda.

¿Boletín de instalación y trámites con industria están incluidos? Hay ofertas que los incorporan y otras que los dejan fuera como «extra». Aclararlo antes evita facturas inesperadas al final de la obra.

¿Quién coordina con el resto de gremios? Si la respuesta es «eso no me corresponde», tienes un problema potencial de planificación que generará retrasos y costes adicionales casi con total seguridad.

Mira, la mayoría de conflictos entre cliente e instalador que he presenciado (y protagonizado alguno, para qué negarlo) nacen de presupuestos ambiguos. Una buena oferta eléctrica no es la más barata: es la que te permite saber exactamente qué incluye, qué deja fuera y qué puede variar según lo que aparezca dentro de las paredes.

  • Cuándo una reforma debería tratarse como obra nueva

La cosa es que, en ocasiones, la frontera entre rehabilitación y construcción nueva se difumina tanto que empeñarse en llamar «reforma» a lo que tienes delante solo sirve para generar un presupuesto engañosamente bajo. Aprendí esto con facturas encima de la mesa: hay intervenciones que técnicamente son proyectos completos disfrazados bajo una etiqueta que minimiza su alcance real.

Los indicadores resultan bastante claros cuando sabes qué buscar. Si el cableado existente es de aluminio, si no hay toma de tierra funcional, si el cuadro general solo dispone de fusibles cerámicos y si la sección de la acometida interior no alcanza para la potencia que hoy necesitas, lo que tienes entre manos no es una reforma parcial. Es una electrificación completa que coincide geográficamente con una vivienda ya construida. Presupuestarla como reforma solo produce una cifra artificialmente baja que estallará durante la ejecución.

Si al realizar la inspección previa detectas más de tres de esos indicadores simultáneamente, plantea al propietario la conveniencia de abordar el proyecto entero como nueva instalación. No por inflar la factura, que inevitablemente subirá, sino porque el enfoque de trabajo, los materiales necesarios, los plazos reales y la tramitación ante industria serán completamente diferentes. Cuanto antes se asuma esa realidad, menor será el desfase. Para consultar las condiciones específicas según el tipo de intervención, nuestra sección dedicada a proyectos eléctricos en obra nueva y reformas detalla cómo enfocamos cada escenario desde la fase de diagnóstico inicial.

Al final, la distinción entre ambos tipos de proyecto no es una cuestión de nomenclatura ni de etiqueta administrativa. Define la estrategia de ejecución, condiciona el presupuesto real y determina los riesgos que asumes como propietario. Y la mejor decisión que puedes tomar antes de aceptar cualquier oferta es saber en cuál de los dos escenarios te encuentras realmente. Todo lo demás (materiales, plazos, costes) viene después de esa respuesta.

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